Hay momentos en los que tienes que replantearte tu propia existencia y pensar qué coño estás haciendo y por qué lo estás haciendo.
¿Qué hago? Volar, volar lejos, pasarme 13 horas en un avión para ir a Argentina.¿Por qué lo hago? No tengo ni puta idea.
Como siempre, sin concentración, ni aquí ni ahora. Mi yo siempre busca la distracción, siempre buscando algo que hacer, algo por que preocuparse, algo que pensar, pero nunca ES. Me paso tanto tiempo evadido que ni siquiera sé muy bien quién soy. "Conócete a ti mismo," buena frase pero me falta práctica. Sé que no es nada del otro mundo, sé que consciente o inconscientemente pocos nos conocemos como deberíamos. Pero coño, a mí qué me importa cuánto se conozca a si mismo el resto, !yo no me conozco!
Con el tiempo, vas conociendo tu imagen, te vas dando cuenta de cual es la imagen que proyectas hacia fuera y hasta empiezas a dominar cómo cambiar ese reflejo de ti. Cuando empiezas a dominar este arte comienzas a pensar (erróneamente) que te conoces, que sabes cuáles son tus defectos y cuáles tus virtudes; por qué te afectan unas cosas u otras. Pero date cuenta, no te conoces una mierda.
Entonces, ¿cuándo te conoces? No lo sé, como sugiere el título de este post, todavía no me conozco. De hecho, me pregunto si el conocimiento de uno mismo es algo parecido al conocimiento de Dios, un paradigma que no estamos preparados (por ahora) para comprender en su plenitud. Sin embargo, no hace falta saberlo todo siempre, con un poco más que antes es suficiente a veces. Si paras, si dejas de leer ese libro, pensar en ese problema, fumar ese cigarro... si dejas de hacer, empiezas a SER. Tú, contigo, sólo, aséptico. De aquí todo surge y aquí todo morirá, para ti.
A este estado de absoluta concentración llegué después de muchas horas de vuelo, muerte del iPod por cansancio, una mala elección de la lectura que viajaría conmigo, una selección de películas limitada (y mala) y una limitada oferta gastronómica en el avión. A veces, lo malo no es tan malo.
Mi llegada a mi mismo me sirvió para dos cosas. Primera: saludarme; teniendo en cuenta que llevo unos cuantos años viviendo conmigo mismo, creo que sería una falta de respeto no saludarme. Segunda: darme cuenta de que así no. Que ya, que está bien. Que deje de buscar porque no lo voy a encontrar ya que, como mi YO, lleva toda la vida conmigo.
¿Qué hago? Volar, volar lejos, pasarme 13 horas en un avión para ir a Argentina.¿Por qué lo hago? No tengo ni puta idea.
Como siempre, sin concentración, ni aquí ni ahora. Mi yo siempre busca la distracción, siempre buscando algo que hacer, algo por que preocuparse, algo que pensar, pero nunca ES. Me paso tanto tiempo evadido que ni siquiera sé muy bien quién soy. "Conócete a ti mismo," buena frase pero me falta práctica. Sé que no es nada del otro mundo, sé que consciente o inconscientemente pocos nos conocemos como deberíamos. Pero coño, a mí qué me importa cuánto se conozca a si mismo el resto, !yo no me conozco!
Con el tiempo, vas conociendo tu imagen, te vas dando cuenta de cual es la imagen que proyectas hacia fuera y hasta empiezas a dominar cómo cambiar ese reflejo de ti. Cuando empiezas a dominar este arte comienzas a pensar (erróneamente) que te conoces, que sabes cuáles son tus defectos y cuáles tus virtudes; por qué te afectan unas cosas u otras. Pero date cuenta, no te conoces una mierda.
Entonces, ¿cuándo te conoces? No lo sé, como sugiere el título de este post, todavía no me conozco. De hecho, me pregunto si el conocimiento de uno mismo es algo parecido al conocimiento de Dios, un paradigma que no estamos preparados (por ahora) para comprender en su plenitud. Sin embargo, no hace falta saberlo todo siempre, con un poco más que antes es suficiente a veces. Si paras, si dejas de leer ese libro, pensar en ese problema, fumar ese cigarro... si dejas de hacer, empiezas a SER. Tú, contigo, sólo, aséptico. De aquí todo surge y aquí todo morirá, para ti.
A este estado de absoluta concentración llegué después de muchas horas de vuelo, muerte del iPod por cansancio, una mala elección de la lectura que viajaría conmigo, una selección de películas limitada (y mala) y una limitada oferta gastronómica en el avión. A veces, lo malo no es tan malo.
Mi llegada a mi mismo me sirvió para dos cosas. Primera: saludarme; teniendo en cuenta que llevo unos cuantos años viviendo conmigo mismo, creo que sería una falta de respeto no saludarme. Segunda: darme cuenta de que así no. Que ya, que está bien. Que deje de buscar porque no lo voy a encontrar ya que, como mi YO, lleva toda la vida conmigo.
No comments:
Post a Comment
Whatever, but respectfully...